Parábola del amor
"Te moldearé", le dijo el hacha al pedazo de hierro mientras descendía con toda
su fuerza sobreuno de sus costados. Pero a cada golpe que le daba iba perdiendo
su filo, hasta que después de un rato aquella herramienta no pudo más, había
quedado completamente obtusa.
"Déjenmelo a mí", repuso el serrucho mientras clavaba sus dientes en el pedazo
de hierro, los cuales fueron desapareciendo uno por uno.
"Yo me encargaré de modelarlo", profirió con arrogancia el martillo, mientras se
burlaba de sus compañeros que habían fracasado. Pero después de varios golpes
se le quebró el mango y se le desprendió la cabeza.
"¿Me permiten probar?, inquirió humildemente una pequeña llama. Los tres se
rieron a carcajadas, pero se lo permitieron porque estaban convencidos de que
también iba a fracasar.
Sin embargo, aquella llamita cubrió el pedazo de hierro; no se desprendió de él,
lo abrazó y lo abrasó hasta volverlo blando y darle la figura que quería. Aquella
pequeña llama logró lo que las otras tres poderosas herramientas no pudieron
alcanzar.
Así es el amor.




0 Comments:
Publicar un comentario en la entrada